Imagínate
en cualquier calle, a una hora en la que la gente no deje de pasar por todos
lados. Izquierda, derecha, delante, detrás. Formas parte de un bucle, llamado
humanidad. Formas parte de un todo, llamado mundo.
Seguramente
mucha gente te mire y seguramente tu también lo hagas. Pero todas esas miradas
acabarán perdidas en el tiempo, perdidas en un baúl lleno de olvido. Todas
menos algunas, son justamente esas miradas, las que hacen el inicio del amor.
Por
que el amor empieza cuando dos personas se miran y no dejan que la mirada se
pierda. Por que detrás de una mirada en común, hay una vida juntos. Solo hay que
saber que mirada es la buena, prolongarla, cuidarla y hacer realidad todo lo demás.
Mucha
gente se cree que para enamorar a alguien se necesitan tres cosas: Una buena
frase. Un buen lugar. Y una buena conversación.
Lo
que no saben es que a pesar de tener una frase que enamore, un lugar romántico
que encandile y una conversación que deje sin respiración, si las miradas no
conectan no podrán hacer nada.
Son
situaciones en las que el amigo nunca dejará de ser un amigo.
Situaciones
en las que por más que intentemos ser algo mas, es imposible.
Por
que el amor verdadero no se encuentra en las palabras ni en los lugares. El
amor verdadero se encuentra en esas
miradas que no podemos dejar pasar.
Así
que mira, prolonga tus miradas y expande tu alma en busca de tu amor verdadero.
Puede que este más cerca de lo que imaginas, puede que este a la vuelta de la
esquina…
Por que hay miradas que llegan a lo más profundo de nuestro corazón, y
nos acompañan a lo largo de nuestra vida.
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