Es curioso pensar que
posiblemente y, a día de hoy, no quede nada de ese momento que me hizo cambiar,
de ese instante de unión, de una conexión tan simple y verdadera, que aún me
arrepiento de haberla dejado escapar.
Me pregunto: si en
ese momento vi que te quería, ¿por qué no opte por quererte?.
Y la respuesta es la
misma que otras veces: por miedo.
Cuántas veces os a
pasado que echáis a perder un momento, unas horas, un día o toda una vida.
Cuántas veces os ha pasado que por miedo dejáis de hacer cosas que posiblemente
hubieran hecho de tu vida algo mejor. A mí me paso exactamente eso...
Hubo un tiempo en que
debajo de una manta encontré por unos segundos a mi alma gemela. La persona
especial que todo el mundo busca. Fue una conexión única, tan rápida y fugaz,
pero tan intensa...
En ese momento es
cuando el destino, de alguna manera, te da señales de que algo tienes que
hacer, dar algún paso con relación a eso tan mágico que ha pasado. Pero yo opté
por dejarlo pasar. Por intentarlo olvidar.
Lo curioso es que a
día de hoy lo recuerdo con más fuerza.... y me arrepiento de no haber visto, de
no haber querido ver esa señal, ese instante en el que las miradas se cruzan y
te dicen: bésala.
Hay trenes que pasan
sólo una vez en la vida, hay veces que dichos trenes te esperan, pero si a
pesar de la espera, no los coges, se acaban yendo a otra estación. Es cuando te
das cuenta que esa magia que un día sentiste debajo de una manta, no es más que
la que tu propio corazón desprendía para avisarte de que estabas enamorado.
Y de pronto descubro
que me importas más de lo que pensaba, que eres más de lo que creía y que, al
fin y al cabo, es muy tarde ya para ir a buscarte.
...Lo que quedará
siempre será la duda de que hubiera sido de nosotros si debajo de esa manta nos
hubiéramos besado....

