No me canso de aprender. De entender que en esta vida hay momentos en los que explicando a los demás que estamos enfermos y que podemos morir pronto, les cambia la cara, se les nota en las miradas que con mis palabras se han sentido mal.
Pero después pasa justo todo lo contrario. Momentos en los que debajo de una manta se puede obtener la magia de lo sencillo. Porque a veces respirar el aire de una misma persona en un espacio tan reducido, tan aislado, hace que veamos las cosas más simples, más sencillas.
Y que lo que antes nos parecía difícil y angustioso lo veamos desde otro punto de vista, un punto de vista mucho mas mágico y compartido.
Morir, no me preocupa. Porque casi sin quererlo, sin apenas buscar, he encontrado personas especiales, diferentes, que van llenando mi vida:
Personas que se preocupan por los demás hasta el punto de sentirse mal ellas mismas, que no duermen tranquilas hasta que no saben que los demás están ya bien.
Personas que a pesar de haber miles de quilómetros con la persona que quieren, aun así, se las apañan y regalan ramos de flores a sus amadas...
Personas que por muy mal que se encuentren en un lugar, les cuesta decir lo que sienten y no lo dirán a menos que las escuchemos. Y yo prometo hacerlo.
Y personas mayores con estudios que no les importa tirarse por el suelo y rodar solo por hacernos sentir bien a nosotros, y hacernos pasar un buen rato, pensemos lo que pensemos después. Para algunos una valiente tontería. Para mí, alguien que por muchos defectos que tenga es capaz de hacer un gesto y crear un momento que nos llene de carcajadas, y eso hoy en día es admirable.
Así que la próxima vez que os den alguna mala noticia, de esas que pueden acelerar tu ritmo cardiaco, simplemente déjate tapar con una manta, para ver y sentir, a las personas especiales que están a tu alrededor. Quizás te des cuenta que estáis mas unidos de lo que creías.
Me quedo con la frase: "El mundo seguirá girando, pero tú y yo resguardados haremos que vaya mas lento."
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