La semana pasada fue la más fría aquí en Mallorca. Una semana donde por fin la nieve se ha dejado ver.
A sido realmente impactante poder ver como caía de una manera casi subrealista. Y es que aquí en Mallorca no estamos acostumbrados a ver nieve, ni a pasar tanto frío.
Me hace gracia y me parece mágico los cambios que hace la nieve en las personas. Lo digo porque cuando la gente se despertó por la mañana y vio que estaba todo nevado no puedo dejar de sonreír, de despertar a sus hijos para ir a jugar con la nieve, de llamar por teléfono a amigos y familiares para comentarles que a dos pasos de sus portales podían tocar la nieve.
A mí me hizo ilusión la nieve, pero mucho más las sonrisas de todas las personas que esa mañana dejaron de ser "las mismas personas de siempre" para convertirse en gente mucho más amable, gente que al mirarlas a los ojos, soñaban.
Y aunque dicen que el frío congela emociones y rompe corazones, yo creo que en cada copo de nieve hay algo cálido que hace que nos derritamos y seamos los niños que nunca debimos dejar de ser.
La nieve ya se ha derretido, ahora solo nos queda el frío, y el recuerdo de que una mañana todos nos despertamos con el alma blanca, sólo que reflejada en los tejados, coches y suelos de toda Mallorca.
Ojala no tenga que esperar a que vuelva a nevar en Mallorca, para volver a ver sonrisas tan sinceras como las que vi aquella mañana.
Me quedo con la frase de: "Blancas sonrisas que iluminan el alma".
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