Y eso me hace
pensar que quizás vivamos en un carnaval constante llamado falsedad. Un mundo
lleno de mascaras, dobles caretas y, en definitiva, en una especie de nebulosa
llamada: egoísmo.
Como decía la
canción: “la vida es como un
carnaval”. Y algunas personas se aprovechan de ello teniendo una máscara
para engañar, corromper y destruir. Da igual que clase social tengas, con la máscara
puesta eres uno más. Pasas desapercibido, sin enseñar nada de ti: ni miedos, ni
gestos, ni mucho menos sentimientos.
Porque quien te
dice a ti, que la persona con la que estas es la que dice ser…Confías, le das
todo, y al final te das cuenta que está en carnaval. Un carnaval en donde ha
llevado una máscara para engañarte, hacerte sentir bien mientras de alguna manera te
hacia sufrir.
¿Qué injusto verdad?
Realmente creo que
todos llevamos una máscara. Porque a día de hoy si vas con tu cara al
descubierto, simplemente se ríen y te la parten.
Estamos creando una
sociedad con un futuro incierto basada en el engaño, corrupción y en nuestro
propio beneficio sin pensar en las consecuencias de los mas.
Es fácil vivir
escondido con algo que nos proteja… pero... ¿Merece la pena?
¿Merece la pena
vivir en un carnaval de mentiras? Si eres falso, egoísta y despreciable quizás
para ti sí.
Pero tendríamos que
valorar más a las personas que nos brindan su cara real desde el minuto uno. A
personas que entregan su corazón sin saber que va a pasar.
Porque a decir
verdad las personas sin mascaras son las que realmente mueven el mundo.
Mientras no se las valore mas, por desgracia, seguiremos viviendo en un
carnaval de mentiras.
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